Sentidos agudos de nuevo.
Todo toma un tiempo particular,
el ritmo se detiene un poco
y salen de nuevo a la luz los detalles que se dejaron pasar por tanto tiempo.
Se agudiza todo porque no existe otra explicación,
simplemente hay más 'sentir'.
Desde el poder visualizar la basura en una pestaña
y saber perfectamente en cuál tira de cabello se encuentra la molestia.
La picazón de la cara producida por el roce con el pelo despeinado.
Observar cada color más bello que nunca y hasta poder definir su textura,
los tejidos en que estos están prisioneros;
la asperesa de las cosas;
el reflejo de los cristales bajo la estela de los árboles,
uno determina hasta la brisa entre las ramas,
las observamos desde abajo,
gracias a un reflejo producto de luz, sombras y superficies,
pero las vemos, y eso es lo que importa.
Ya veo por qué somos tan amantes de las galletas.
El morder esa masa crujiente que se mezcla con la danza de la lengua
y cae sobre los demás órganos del sistema digestivo
en forma de bolo alimenticio
produce un sentimiento de placer no sólo por el sabor,
sino por la textura de la galleta en sí,
el sonido del crujir, el morder y el masticar.
Al sacar una de las galletas del paquete
observo que su chocolate estuvo derretido
y en él se marcó el sello de la marca que
había en la parte dura de su compañera de empaque.
El olor me mata los sentidos.
Me pregunto si las personas han experimentado este tipo de cosas
y se han detenido a apreciarlas.
A veces jugamos con las proporciones, con la vista,
con los ángulos visualizados en el borde de una ventana,
pero sólo a veces.
Últimamente suelo preguntarme si lo que escribo será agradable de leer
para los demás, puesto que sólo son ideas que escupe la mente,
eso no me debería interesar, ya que el escribir es algo
muy personal, pero... ¿seré un fracaso?
Esta pregunta me mete en una corriente de ideas controversiales,
temas civiles y materialistas propuestos por la sociedad y los arquetipos.
Los números son una manera de explicar la naturaleza
y materializar el conocimiento del ser,
al igual que el lenguaje.
Pero no sé por qué las matemáticas nunca me llamaron la atención,
no comparto mi felicidad con ellas.
En cambio las letras sí me gustan,
pero detesto que no se pueda expresar todo lo que conocemos con ellas,
quizás eso le causa más misterio al tema de la existencia.
Siempre me han gustado mucho las artes y la naturaleza.
Es lo único con lo que me encuentro identificada,
están ligadas a mis pensamientos, y al menos
lo que siento suele poder expresarse mediante estos medios.
Tengo ganas de bailar, ¿qué tal un poco de fiesta?
Moverse con la música y soltar el alma,
dejar que la mente vuele y simplemente
dejar ir todo sentimiento,
por esto es que me gusta tanto bailar,
además que uno se conecta con dimensiones extrañas
en la mente o quién sabe dónde.
Nos transporta a algo desconocido.
Siempre la vida ha sido muy bonita,
uno es el que se la complica.
Y pensar positivamente al caminar,
salir o vivir, llena el espíritu de maneras inexplicables.
Gracias a esto he logrado tener amigos sin en realidad serlos.
Una amiga me contó que veía duendes,
así que los dibujaba para luego buscarlos
y ver el mensaje que le querían transmitir.
Me pregunto a diario cómo estará y cómo le habrá ido.
Sólo recuerdo que tenía gafas y hacía yoga.
Otra vez construí una amistad en un bus con una chica
que se sentó a mi lado, recuerdo que tenía el pelo colocho.
Aunque no hablamos hubo muy buena compañía,
me traía paz y confianza.
E inclusive, las amistades directas que poseo son maravillosas,
ya sea que la persona esté a mi lado,
a kilómetros de distancia o en otro país.
No dependo de nadie,
pero sentir compañía es más satisfactorio
que contar hasta diez pasando por el 'bien' entre el 5 y el 6.
Hoy tuve la maravillosa idea de tirarme de la copa de un árbol
y luchar en contra de la gravedad.
Lo mejor de todo es que... no funcionó,
esta vez mi fantasía fracasó.
Tuve un viaje astral,
un tour inolvidable y difícil de contar.
Unas voces sonaron desde el fondo de mi cabeza
y comencé a tener la vaga gana de querer despertar.
Pasé por un viaje lleno de colores,
pero el fondo seguía siendo negro,
todo iba tan rápido, parecía un túnel del tiempo.
Sentí una fuerte energía sobre mi pecho
que me presionaba con más fuerza al suelo.
Traté de calmar los latidos de mi corazón.
Conté hasta diez:
uno, dos, tres, cuatro, cinco, ..., seis, siete, ocho, nueve, diez.
Nada.
Abrí un ojo, el derecho, y no divisaba nada.
Comencé a sentir mi respiración más tranquila y pasiva.
Respiré profundo tres veces y
comencé a sentir mi cuerpo, estaba viva, claro.
Abrí el ojo izquierdo,
y pude observar vagas figuras borrosas y muy poco color.
Lo cerré de nuevo.
Moví los dedos de mis manos,
ambas manos tronaron y fue una liberación de estrés tan inmensa.
Sentí zacate en mi espalda,
sentí rocas en mis pies y de nuevo respiré.
Ahora sí, abrí ambos ojos y pude ver todo,
veía a través de la gente,
veía sus energías y todo era de colores tan intensos
que podía definir perfectamente los pájaros de los árboles.
Me sentía aliviada, volví a contar hasta diez,
para ver si todo estaba en calma:
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, bien, seis, siete, ocho, nueve, diez.
¡Sí! Mi corazón volvió a palpitar de una manera tan sabrosa y la respiración me llenaba tanto.
Un momento realmente mío,
realmente feliz y provechoso para apertura mental.
La gente me observaba extrañada
y yo los veía con los ojos bien abiertos,
les sonreí, y les dije:
"¿¡Qué, todo bien!?"
Me levanté y me fui en bicicleta a mi cabaña de madera.
El fuego es mi elemento,
bailar con él es sentir fuerza, seguridad,
el místico placer que se siente en el alma.
El calor que nos lleva en un viaje por el tiempo
a nuestras raíces.
Esa luz que ilumina el pecho, el corazón,
lo cálido, esa energía que penetra en las caderas.
Bailar con fuego es bailar con él,
conmigo, con la Tierra.
Seguridad, movimiento, arte, danza, escenario y profesionalismo.
Una fuerte mirada,
una sonrisa tenue pero marcada,
y el aura en constante movimiento de colores.
Esta noche es un peso sabroso,
todo va a salir bien,
y esas lágrimas fueron de adentro,
sacar malas vibras y abrir paso a las cosas buenas.
Recuerde el por qué baila,
el por qué el fuego la llena...
recuerde todo y dedique la noche
a las diosas, los duendes místicos y su ser.
Esto es un espectáculo de unión,
pero usted es lo que importa,
ábrase a los demás y ¡disfrute!
Uno, dos, tres, cuatro gotas de aceite de mar caen sobre su cuerpo.
El hielo cubre el horizonte y el frío eriza la piel,
tonificando cada músculo del cuerpo.
Un levitamiento de alma y caemos en el centro de un bello bosque frondoso,
el frío ya no es tanto, y la tierra del suelo es suave,
perfecta para recostarse en ella.
El sol tira sus rayos que entran vagamente por entre las ramas de la cima de los árboles.
Los colores del cielo parecen un arco iris
y mis manos se vuelven como alas,
dispuestas a flotar por encima de la realidad,
sobrepasar toda creencia
y experimentar prácticamente la perfección del ser,
no importa vida,
no importa muerte,
sólo energías, colores, lo que veo,
lo que siento,
y ni pienso, hablar no es suficiente.
Splash sobre el pasto verde
lleno de flores amarillas,
y me salen hombrecillos por todo lado,
yo les hablo profundamente desde el alma.
Vuelvo a ver y está tendido sobre el suelo,
pero está volando,
y las notas musicales se incrustan en su frente, sus manos.
¿Por qué no dedicarse a sólo leer?
A veces quien escribe necesita tomar alguna vacación,
ahogándose en placeres distintos.
Hoy tuve ganas de besarlo,
cada beso es distinto:
algunos están cargados de color,
otros te llevan a volar por ahí,
o te hacen nadar.
Tuve ganas de tenerlo entre mis piernas
y besas sus mejillas.
Quizás he querido llorar;
quizás me haga falta hablar más,
no sólo del vivir, sino de mi ser...
Poseo muchas cosas que ni conmigo misma suelo conversar.
A veces todo es sentir, o simplemente observar.
Muchas veces ese suele ser mi medio de comunicación.
Me meto en un libro que me ha sacado las lágrimas y me choca en el alma,
me salgo un rato de la vida y sólo disfruto esas letras.
Sentimientos en papel que activan la imaginación y nos conmueve.
Fuera del sistema, me convierto en una chica observadora,
maravillada de la vida, de los mágicos logros de la naturaleza.
Cierro mis ojos y me dejo deleitar por música que dicen
que destruye el cerebro poco a poco, si es así,
¡qué buena forma de ir muriendo!
Abro los ojos para sólo ver y volver a maravillarme.
Ahí luego comprendo que conozco más de lo que puedo expresar,
pero a la vez no conozco ni la mitad de lo que podría.
Creo en mis habilidades y agradezco el apoyo de seres
que uno bien sabe que valen la pena
y marcaron el corazón de uno.
Vidas vienen y van en esta Tierra.
Esta dimensión llena de misterio,
y esa 'incógnita' que de nada sirve saberla.
Sólo yo sé cuándo comenzó mi vida,
sólo yo sé lo que he vivido
y sólo yo sabré el viaje luego de 'la muerte' en la Tierra.
Muchos libros pueden acercar conocimientos a lo que ES,
pero es mejor vivirlo y creerlo,
que materializarlo y dejar de lado
la verdadera importancia del SOMOS.